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¿Un Presidente comunista?

José Antonio Kast

José Antonio Kast

Presidente del Partido Repubicano

En su expresión chilena, el marxismo ya tuvo un experimento fracasado: el gobierno de la Unidad Popular en 1970. Las similitudes históricas, económicas y sociales con la etapa previa a ese fracaso con la actualidad son evidentes, aunque en nuestro caso surgen producto de un estallido grave de violencia y una pandemia que ha tenido un impacto económico y social tremendo.

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La irrupción de Daniel Jadue como candidato presidencial ya no es una sorpresa pasajera, sino una tendencia. Ante la ausencia de liderazgos en la izquierda y el posicionamiento disciplinado del Partido Comunista, su plataforma municipal le ha permitido alzarse como el candidato con ventaja en la centroizquierda. Ciertamente, todavía falta mucho camino por recorrer en la carrera presidencial, pero la pregunta es válida: ¿Está Chile preparado para tener un Presidente comunista?

Más allá de la figura de Daniel Jadue, que usa su disfraz de alcalde para promover una serie de soluciones populistas que ocultan la precariedad y el abandono en la que se encuentra la comuna de Recoleta, lo importante es analizar la plataforma programática sobre la cual fundará su candidatura y que forma parte de la trayectoria que lo ha llevado al sitial de liderazgo que se presenta en el actual escenario.

Al igual que en 1969, los estatutos del Partido Comunista del 2018 se sustentan en las concepciones de Marx, Engel y Lenin. Es un partido revolucionario que lucha por el socialismo y la acción de sus militantes está al servicio de sus objetivos revolucionarios. Ese espíritu es el que marca hoy el Foro de Sao Paulo, máximo referente del Partido Comunista a nivel internacional y que es el espacio programático donde los comunistas de América Latina intercambian visiones y actualizan sus compromisos de reivindicación social. En su lucha antimperialista, los comunistas se pliegan al llamado del Foro a oponerse al capitalismo mediante la promoción de la rebeldía popular y la transformación que genera el progresismo de izquierda, inspirándose en los proyectos “exitosos” de lucha revolucionaria en la región como Cuba, Venezuela o Nicaragua.

En su expresión chilena, el marxismo ya tuvo un experimento fracasado: el gobierno de la Unidad Popular en 1970. Las similitudes históricas, económicas y sociales con la etapa previa a ese fracaso con la actualidad son evidentes, aunque en nuestro caso surgen producto de un estallido grave de violencia y una pandemia que ha tenido un impacto económico y social tremendo. La respuesta comunista no tardará en aparecer: culpando al modelo capitalista vigente; usando la asamblea constituyente para imponer un proyecto fundacional; y azuzando la división entre los chilenos por su nivel de patrimonio, clase social o pensamiento político.

En este escenario y ante la incapacidad de la izquierda de promover un liderazgo moderado que no busque implementar una revolución en Chile, la respuesta de la derecha tiene que ser clara y contundente. No hay espacio para posiciones ambiguas ni para candidaturas que busquen disfrazarse con conceptos e ideas ajenas. Aquí no está en juego la continuidad del Gobierno de Sebastián Piñera, sino que hablamos de la supervivencia del modelo de desarrollo que ha permitido progresar a este país.

El centro, la derecha y todos los que creemos en la libertad, debemos ser capaces de construir una alternativa sólida, con ideas claras y un plan de gobierno que permita poner al país en marcha otra vez y colocar las urgencias sociales en el primer lugar. La elección de 2021 será una nueva prueba para el destino de Chile y esperamos, sinceramente, que nuestro sector no vuelva a cometer los errores de hace 50 años atrás.

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En su expresión chilena, el marxismo ya tuvo un experimento fracasado: el gobierno de la Unidad Popular en 1970. Las similitudes históricas, económicas y sociales con la etapa previa a ese fracaso con la actualidad son evidentes, aunque en nuestro caso surgen producto de un estallido grave de violencia y una pandemia que ha tenido un impacto económico y social tremendo.

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La irrupción de Daniel Jadue como candidato presidencial ya no es una sorpresa pasajera, sino una tendencia. Ante la ausencia de liderazgos en la izquierda y el posicionamiento disciplinado del Partido Comunista, su plataforma municipal le ha permitido alzarse como el candidato con ventaja en la centroizquierda. Ciertamente, todavía falta mucho camino por recorrer en la carrera presidencial, pero la pregunta es válida: ¿Está Chile preparado para tener un Presidente comunista?

Más allá de la figura de Daniel Jadue, que usa su disfraz de alcalde para promover una serie de soluciones populistas que ocultan la precariedad y el abandono en la que se encuentra la comuna de Recoleta, lo importante es analizar la plataforma programática sobre la cual fundará su candidatura y que forma parte de la trayectoria que lo ha llevado al sitial de liderazgo que se presenta en el actual escenario.

Al igual que en 1969, los estatutos del Partido Comunista del 2018 se sustentan en las concepciones de Marx, Engel y Lenin. Es un partido revolucionario que lucha por el socialismo y la acción de sus militantes está al servicio de sus objetivos revolucionarios. Ese espíritu es el que marca hoy el Foro de Sao Paulo, máximo referente del Partido Comunista a nivel internacional y que es el espacio programático donde los comunistas de América Latina intercambian visiones y actualizan sus compromisos de reivindicación social. En su lucha antimperialista, los comunistas se pliegan al llamado del Foro a oponerse al capitalismo mediante la promoción de la rebeldía popular y la transformación que genera el progresismo de izquierda, inspirándose en los proyectos “exitosos” de lucha revolucionaria en la región como Cuba, Venezuela o Nicaragua.

En su expresión chilena, el marxismo ya tuvo un experimento fracasado: el gobierno de la Unidad Popular en 1970. Las similitudes históricas, económicas y sociales con la etapa previa a ese fracaso con la actualidad son evidentes, aunque en nuestro caso surgen producto de un estallido grave de violencia y una pandemia que ha tenido un impacto económico y social tremendo. La respuesta comunista no tardará en aparecer: culpando al modelo capitalista vigente; usando la asamblea constituyente para imponer un proyecto fundacional; y azuzando la división entre los chilenos por su nivel de patrimonio, clase social o pensamiento político.

En este escenario y ante la incapacidad de la izquierda de promover un liderazgo moderado que no busque implementar una revolución en Chile, la respuesta de la derecha tiene que ser clara y contundente. No hay espacio para posiciones ambiguas ni para candidaturas que busquen disfrazarse con conceptos e ideas ajenas. Aquí no está en juego la continuidad del Gobierno de Sebastián Piñera, sino que hablamos de la supervivencia del modelo de desarrollo que ha permitido progresar a este país.

El centro, la derecha y todos los que creemos en la libertad, debemos ser capaces de construir una alternativa sólida, con ideas claras y un plan de gobierno que permita poner al país en marcha otra vez y colocar las urgencias sociales en el primer lugar. La elección de 2021 será una nueva prueba para el destino de Chile y esperamos, sinceramente, que nuestro sector no vuelva a cometer los errores de hace 50 años atrás.

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