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18 de mayo de 2026 Columna de Opinión

Opinión: Ministra Wulf destaca a la familia como primer espacio de protección

En una carta de opinión publicada por El Mercurio, titulada “Familia, el primer espacio de protección”, la secretaria de Estado destacó el rol de la familia en la sociedad y afirmó que antes de cualquier política pública, seguro de desempleo o sistema de salud, fueron los vínculos familiares los que permitieron a las personas aprender a confiar, sentirse cuidadas y enfrentar los momentos más difíciles de su vida.

«Antes de que existiera cualquier política pública, cualquier seguro de desempleo o sistema de salud, existían los vínculos familiares. Ahí fue —y sigue siendo— donde las personas aprenden por primera vez lo que significa sentirse cuidadas, acompañadas y protegidas. Es en esas relaciones cercanas donde aprendemos a confiar, donde recibimos antes de siquiera poder devolver algo a cambio. Por eso, más que una estructura social o afectiva, las relaciones familiares son el primer espacio de protección que conoce una persona. Y esto no es una idea romántica. Es una realidad concreta. Son esos vínculos los que sostienen a las personas en los momentos más difíciles: la infancia, la enfermedad, la vejez, la cesantía o las crisis personales.

Ninguna política pública puede reemplazar completamente lo que significa sentirse querido, acompañado y contenido por quienes forman parte de nuestra vida más cercana. Pero precisamente porque esos vínculos cumplen un rol tan importante, también son los que más se resienten cuando las condiciones de vida se vuelven difíciles.

Cuando el empleo es precario o incierto, la tensión entra al hogar. Cuando no existen redes de cuidado suficientes, muchas veces son las mujeres quienes deben dejar de trabajar para cuidar. Cuando las viviendas son insuficientes, el hacinamiento deteriora la convivencia. Y cuando las parejas no cuentan con apoyo para sostener su proyecto común, las relaciones se debilitan.

Las familias no existen aisladas del entorno. También dependen de las oportunidades, de la estabilidad y de las condiciones que como sociedad somos capaces de ofrecer. Y cuando esos vínculos se fragilizan, los efectos no quedan solo en lo privado. La sociedad entera lo resiente: aumenta la soledad, especialmente en las personas mayores; se debilita la cohesión social; crecen las conductas de riesgo; y muchas personas terminan postergando proyectos de vida que sí desean construir.

Chile tiene hoy una de las tasas de fecundidad más bajas del mundo, y buena parte de esa realidad se explica porque para muchas personas formar una familia o tener hijos se ha vuelto cada vez más difícil. Ahí está el desafío del Estado: no reemplazar a las familias ni intervenir en sus decisiones más íntimas, sino generar las condiciones para que puedan desarrollarse y sostenerse. Esa convicción ha estado presente en distintas políticas sociales de nuestro país.

Chile Crece Contigo nació hace casi dos décadas con esa mirada: acompañar a madres, padres y cuidadores desde la gestación, entregando apoyo, herramientas y redes, sin reemplazar nunca el rol insustituible de los vínculos afectivos. Y hoy lo vemos también en Crecer en Familia, el programa con el que estamos trabajando para que ningún niño menor de cuatro años crezca en una residencia cuando puede hacerlo en un entorno familiar. Porque ningún Estado, por más recursos que tenga, puede reemplazar lo que significa crecer sintiéndose querido, protegido y parte de una relación estable y cercana.

Desde esa misma mirada surge también el Plan Chile Renace. Un plan que no pretende decirles a las personas cómo vivir ni cuántos hijos tener, sino hacerse cargo de una realidad evidente: muchas veces existe una distancia enorme entre el proyecto de vida que las personas quisieran construir y las condiciones reales que enfrentan. Por eso estamos impulsando más infraestructura de cuidado, para que tener hijos no implique abandonar el trabajo; promoviendo una corresponsabilidad real en los hogares y en los espacios laborales; y fortaleciendo herramientas de apoyo para las parejas y para quienes quieren construir relaciones estables y proyectos compartidos. Porque cuando una sociedad cuida sus vínculos más cercanos, también está cuidando su futuro.

En este Día Internacional de la Familia, vale la pena recordar algo simple pero profundo: gran parte de lo que sostiene diariamente a nuestra sociedad ocurre silenciosamente al interior de los hogares. Ahí se acompaña, se contiene, se forma y se cuida. Y esa tarea, muchas veces invisible, merece también el respaldo y el compromiso de todos».

MARÍA JESÚS WULF
Ministra de Desarrollo Social y Familia

Fuente original: El Mercurio

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